Un mundo sin palabras

T vino ayer a mi consulta acompañado de una cuidadora. Como siempre, llevaba puesta su gorra azul marino, añadiendo un toque infantil a su cara despistada y afable. Cuando le pregunto cómo está, conozco de antemano la respuesta, escueta y con una cordialidad domesticada: estoy muy bien, qué bien me tratan ustedes. Los ojos me […]

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