El conocimiento sexológico. El siglo XX (Parte II)
España en la edad de plata (1898-1939) experimenta una apertura hacia el consumo de productos europeos, como la tecnología y el sexo, siendo los pirineos el puente que permite este trasvase.
La sexología se convierte en una moda avalada por mentes brillantes como el médico endocrino Gregorio Marañón y el filósofo Ortega, quienes restringían el estudio del sexo a médicos y sacerdotes por ser considerado un dominio inmerso en el pecado y la enfermedad.
En España observamos la pugna entre las corrientes de modernidad europeas y los viejos ropajes de los que ya se habían desprendido en parte otros países, la sexualidad humana será estudiada y controlada con cautela.
En sus comienzos trataba de explicarse desde la fisiología, pese a la fuerte injerencia clerical, los intelectuales españoles no se contentaron con la definición mecanicista, percibiendo un factor cultural y un elemento escurridizo en la experiencia del sexo.
Como sucede en todas las épocas los cambios se producen insidiosamente, conviviendo la tradición y la vanguardia y no será diferente en el ámbito sexológico.
La psicología hará su incursión en el misterio de la sexualidad, y no lo tendrá fácil al moverse en el terreno intangible de la epistemología, es decir del CONOCIMIENTO humano: cómo pensamos, sentimos, percibimos y actuamos.
La ciencia trata de explicar el CÓMO y el PORQUÉ extrapolando resultados que reduzcan la incertidumbre, creando esquemas que explican una parte de la experiencia sin alcanzar su totalidad.
Era preciso complementar el estudio científico de la función con la filosofía, y así acercarse un poco más a la insondable sexualidad.
Durante los felices años veinte y treinta del siglo pasado existió en Europa y Norteamérica una efervescencia erótica dando lugar al desenfreno de la Era del jazz y a conductas más desinhibidas que se plasmaban en las novelas, ilustraciones y escenarios.
En España surge la SICALIPSIS, un término irónico que juguetea con la fonética del psicoanálisis, y que hace referencia a expresiones artísticas con ligero toque erótico que no se atreve a ser pornográfico, importando de este modo un soplo de modernidad sin comprometerse del todo en una sociedad aún no preparada. Recomiendo la lectura del libro de Maite Zubiaurre «Culturas del erotismo en España 1898-1939, que aparte de ser una lectura deliciosa es una fuente de aprendizaje valioso y enriquecedor
Después de la segunda guerra mundial se vuelve a un estado de represión sexual tanto en Europa como en Estados Unidos, para resurgir como un péndulo el interés explícito por la sexualidad en los años 60.
El ginecólogo William Masters y la psicóloga Virginia Johnson realizaron un estudio en el que describieron las fases de la respuesta sexual humana: excitación, meseta, orgasmo y resolución y demostraron la importancia del clítoris en el orgasmo de la mujer.
Especificaron los cambios fisiológicos que ocurrían en cada uno de los períodos de la respuesta sexual humana, trazando una gráfica diferente en virtud del sexo.
En la década de los setenta publicaron “El Vínculo del Placer”, recopilación de los testimonios y asesoría que cómo terapeutas realizaron a una muestra de parejas norteamericanas, intentando dar respuesta al decaimiento del interés sexual en relaciones estables de largo recorrido.
Tendrá que pasar un tiempo hasta que el cuerpo de conocimiento sexológico deje de necesitar el escudo de otras disciplinas científicas y disponer de un nombre propio: SEXOLOGÍA.
El tránsito hasta alcanzar este espacio sin mentores es comprensible sí tenemos en cuenta los inicios del saber sexológico.
Helen Singer Kaplan sexóloga y psicóloga introdujo en el modelo de Masters y Johnson un elemento en la respuesta sexual: El deseo.
Kaplan sitúa el Deseo en el inicio de la cadena de respuesta que habían descrito sus antecesores.
Bien entrado el siglo XX la ensayista, novelista y sexóloga Shere Hite realizó varios estudios centrados en la sexualidad femenina.
Hite toma como punto de partida el estudio Masters y Johnson añadiendo referencias políticas procedentes del feminismo
Su metodología de estudio consistió en el uso de cuestionarios anónimos sin emplear muestras estadísticas, lo que despertó desconfianza en la comunidad científica interesada en que las conclusiones de una investigación sean extrapolables.
Realizó una crítica al modelo de Masters y Johnson a mi modo de ver muy válida e interesante, afirmando que No alcanzar el orgasmo durante un encuentro erótico no supone una disfunción necesariamente.
Esta declaración pone en valor todo el juego erótico eliminando la obligatoriedad de un resultado, que precisamente es la raíz de muchas dificultades para disfrutar.

