La caricia: «mucho más sobre la oxitocina». (Parte II)
El abrazo es un gesto de cercanía y afecto que también actúa como detonante del disparo de oxitocina; en relación con este hecho es interesante mencionar el estudio que realizó la periodista Ann Lander, en cuya columna lanzó la siguiente pregunta dirigida a mujeres: ¿se contentarían con ser abrazadas y tratadas con ternura, olvidándose del acto?.
Llegaron 100.000 respuestas a la cuestión planteada, el 72% decían Sí, sería suficiente el abrazo y prescindiría del sexo.
La interpretación del estudio demostró que los factores culturales y psicológicos ejercían una fuerte influencia en la expresión del deseo de ser abrazadas.Aunque el tacto suele ser preludio de la cópula, hacer el amor representa una forma de comunicación en la que el coito participa sin constituir la totalidad de la experiencia.
Hoy sabemos que el acto de acariciar, independientemente de la zona que reciba el estímulo elicita la liberación de oxitocina, con la consiguiente sensación de calma y bienestar necesarias para encontrarnos seguros y en confianza durante la unión sexual.
Se ha establecido una relación entre la estimulación táctil recibida en la infancia y el modo de establecer relaciones sexoafectivas en la edad adulta, de aquí se desprende que la liberación de oxitocina en etapas tempranas podría condicionar la forma de vincularnos en el amor y la apertura al placer a largo plazo.
El neuropsicólogo James Prescott afirma que la principal causa de violencia humana deriva de la falta de placer corporal durante los períodos de desarrollo evolutivo infantil.
Los envíos de oxitocina repetidos evocan tranquilidad y ternura constituyendo un refuerzo positivo en las relaciones sanas en las que los ciclos de fusión/separación fluyen sin turbulencias.
Esto es así al establecerse un circuito de retroalimentación positiva que tiene el efecto de producir más oxitocina en el reencuentro manteniendo el deseo y las ganas de cuidar el vínculo.
Su efecto sobre la memoria fijando escenas gratificantes protege el circuito en virtud del cual buscamos cercanía con las personas relevantes que nos cuidan con delicadeza.
Se ha demostrado que la calidad de nuestras relaciones interpersonales y muy especialmente el vínculo afectivo con la pareja se correlaciona en cierta medida con la esperanza de vida.
Las relaciones vividas con ansiedad y por tanto con baja tasa de oxitocina acortan los telómeros, fragmentos de los brazos de los cromosomas determinantes del envejecimiento.
La relación entre tacto – oxitocina y salud mental, ha sido ampliamente estudiada, el médico y psicoterapeuta Alexander Lower escribió en su libro “The Betrayal of The Body” sobre el déficit de estimulación táctil temprano en los pacientes esquizofrénicos.
En la esquizofrenia se pierde contacto con la realidad y es curiosa la concomitancia entre esta desconexión y la carencia de caricias en la infancia, hilando más fino el sistema nervioso y la piel proceden la misma capa del disco embrionario.
Podríamos afirmar que la pérdida de contacto con el cuerpo acarrea la pérdida de contacto con la realidad siendo como somos seres encarnados.
Ser tocados en nuestra desnudez supone hacer una ofrenda en la que dejamos que nos conozcan en la profundidad de una experiencia privada y directa, este hecho no es el único trascendente, una caricia lleva consigo la siguiente y en la repetición nos RECONOCEN, por lo tanto nos distinguen significándonos por nuestras cualidades.

