En el nombre de EROS
Rastreando los orígenes del Dios del amor Sensual observamos diferentes narrativas a cerca de su génesis.
Hesíodo explica que nace del Caos, lo que resulta muy apropiado teniendo en cuenta que los que sucumben a su propósito se ven sacudidos fuera de los caminos habituales y trasladados a otro lugar ignoto y excitante.
Cuenta la mitología clásica griega que la pasión entre la diosa de la belleza y la seducción AFRODITA y el dios de la guerra ARES engendra a EROS.
Cuando hablamos de erotismo nos estamos refiriendo al amor en su expresión más carnal y en su complacencia por medio de los sentidos.
El relato de la entrada en el amor a través del erotismo difiere mucho de unas personas a otras, podemos observarlo en la literatura y en las experiencias que nos cuentan los amigos y confidentes que son otra forma de ficción.
Hay quien describe esa atracción inconsciente como la aparición repentina de lo que representa LA BELLEZA ante sus ojos, otros como el descubrimiento en unos rasgos ya conocidos de una luz insólita que transforma a la persona irradiada en objeto de deseo.
Una vez que ha tenido lugar el sortilegio, el aguijón del deseo escocerá para que se produzca el acercamiento con el objeto de desvelar el misterio que encarna el otro.
El MISTERIO es clave en la experiencia, nos asoma a un precipicio que fascina e inquieta, aquí reside el germen de la trama amorosa que quizá alcance a desarrollarse después.
El impulso de fusión en el amor erótico no es algo que atañe en exclusiva al placer físico sino que hay un elemento fundamental: EL DESEO, éste es siempre intencional y específico hacia ese alguien que ha cautivado nuestro corazón.
Desde esa atracción inicial vamos tejiendo el entramado de emociones y experiencias que conforman el vínculo amoroso, en el que se entremezcla otro elemento que aporta cohesión: LA INTIMIDAD.
DESEO e INTIMIDAD constituyen dos fuerzas de igual dirección pero sentido opuesto, de tal modo que conforme una crece la otra experimenta un decremento; en el equilibrio de estas dos polaridades radica el amor erótico de largo recorrido.
El DESEO se lleva bien con la distancia y el misterio que son los ingredientes que lo inflaman, por eso se encuentra presente en el punto de partida de una relación amorosa, LA INTIMIDAD aparece después, cuando se entrega la confianza y permitimos mostrar la vulnerabilidad, esa parte sensible que nos hace susceptibles de ser amados.
Como seres encarnados es en el cuerpo donde la expresión erótica del deseo tiene lugar
En palabras de la filósofa Lou Andreas Salomé: “Solo amamos eróticamente lo que en sentido general se expresa de forma física, lo que se simboliza corporalmente”.
El DESEO está presente a lo largo de nuestra biografía, es la fuerza motriz que nos impulsa a explorar parajes desconocidos y nos enfrenta con nuestra condición humana mortal.
Estar vivo y deseante pone de manifiesto precisamente la certeza de la muerte.
El amor sensual acontece en cualquier momento del ciclo vital, otra cosa distinta es el permiso para cabalgar la historia; la escritora Anais Nin lo explica de un modo magnífico: “Envejecer no impide amar, amar impide envejecer”.
La escritora y Filósofa Iris Murdoch relata la experiencia amorosa como un rapto que deja a la persona en un estado de confusión y desrealización, como si se estuviera dentro de un sueño.
En su novela “El Príncipe Negro” pone en boca de uno de los personajes el siguiente parlamento en relación con el Amor y la edad: “Las emociones a edad temprana son dolorosas porque no están atemperadas por la reflexión, todo se convierte en aprensión y cuanto mayor es la maravilla y el gozo mayor es el miedo”.
El hechizo se sigue produciendo, es un proceso inconsciente que posteriormente lo matizamos envolviéndolo de razones.
Cuantas veces rememoramos el comienzo de un idilio preguntándonos si ya estaba EROS presente en ese primer café que en un principio nos pareció tranquilo y nos dejó con ganas de continuar conversando en un siguiente encuentro.
“En aquel paseo se había decidido mi vida, ¿porqué paseamos juntos nada más conocernos, bajo la noche dulce propicia a los amantes? “. Así lo expresa en MEMORIAS DE LA MELANCOLÍA la escritora María Teresa león.
El Dios del amor sensual tampoco escapa a su propio influjo como nos cuenta Apuleyo en el mito de Eros y Psique.
Los mitos nos penetran desde la intuición, no están sometidos a la ley de la lógica, sin embargo, su fuerza evocadora es tremenda al encerrar la naturaleza humana.
Psique es una hermosa humana envidiada por afrodita, capaz de despertar el deseo de dioses y hombres, la diosa de la seducción pide a su hijo Eros que la hechice de tal modo que caiga enamorada de un hombre de aspecto poco agraciado.
El mito nos cuenta que Eros desobedece a su madre al enamorarse de Psique y hacerla su esposa sin revelarla su identidad, cada noche se encuentra con ella para hacer el amor con la complicidad de la luna que le permite mantener su secreto.
Psique confiesa a Eros que echa de menos a sus hermanas y que anhela verlas, Eros comprende pero le advierte que querrán acabar con su dicha.
Las hermanas alertan a la joven del peligro que entraña una relación con alguien que no muestra su rostro, afirmando que debe ser un monstruo.
Psique decide aprovechar el sueño de Eros y con una vela ilumina su rostro traicionando su confianza, una gota de cera cae sobre la piel de su amado despertándolo y decepcionado abandona el lecho.
La interpretación del mito nos lleva a la esencia elusiva y misteriosa del erotismo, la relación amorosa fluye en tanto en cuanto no se trata de conocer lo que está velado, mientras se acepta el misterio, y es de este modo, que se desarrolla el amor sensual y el compromiso mutuo expresado en el goce de los cuerpos cada noche.
Al entrar la lógica normativa representada por los argumentos de las hermanas de Psique, el erotismo se desvanece ya que su reino es otro.
Cuando el EROS desaparece del vínculo, el compromiso amoroso se transforma en obligación, el goce de compartir se vuelve un acuerdo trabajoso.
El desafío en el amor consiste en confiar nuestras vulnerabilidades aceptando el MISTERIO que el otro representa.

