Qué bueno bailar desde el placer, ser desobediente y dar espacio al desacato. Esquivar la norma y el sentido de “lo correcto”.
Qué bueno que el cuerpo sea el que es, sin domesticarlo.
La danza académica, repleta de normas técnicas juzga los cuerpos; más bien juzga el movimiento que sale del cuerpo.
Si acotamos la definición de danza a todo movimiento que necesariamente cumpla un canon técnico y estético, restringimos el disfrute a los bailarines dotados de la ejecución perfecta.
Vaya por delante que la danza como arte y espectáculo es maravillosa, y requiere de mucha dedicación y estudio; no obstante, hay muchas formas de bailar y no todas pasan por hacer de ello una profesión, ni de seguir obedientemente las pautas de un maestro o coreógrafo.
El baile como arte: aquí encuentro una contradicción. Si nos vamos a lo que se suele entender por danza con letras mayúsculas; cuanta belleza emerge del duro entrenamiento del bailarín, que dócilmente deforma su cuerpo hasta destilar la expresión solicitada.
Sin embargo, el arte es irreverente y es la norma social la que trata de atraparle. Siempre se escapa, esa es su vocación. La norma pertenece a la disciplina, el arte busca cauces para expresarse fuera de los caminos trillados. Precisamente es el tabú lo que estimula la transgresión y el arte ha jugado con traspasar esos límites.
Lo artístico tiene que ver con el modo personal de expresar algo. Cuando existe una estructura rígida, implica buscar la grieta y desobedecer con astucia. Desobedecer sin salirse de la pauta coreográfica o saliéndose. Exponerse a la crítica, no gustar siempre e incluso no gustar nunca.
No complacer hace inevitable buscar otros espacios donde explorar el movimiento genuino.
La danza ha existido desde la antigüedad, los seres humanos siempre hemos bailado de un modo u otro. Bailamos en las celebraciones, en las fiestas, en las verbenas, en casa delante del espejo, en las academias de danza.
La danza puede ser algo muy lúdico y también una pasión. ¿Qué sucede si existe la vocación pero no el talento?, como dijo Clarice Lispector: “se puede tener vocación y no tener talento, es decir, se puede sentir el llamado y no saber cómo ir”.
Lispector reflexionó mucho sobre la creación artística, decía que siempre le fue muy difícil escribir: “recorrer el abismo entre la necesidad de expresar y su lucha interior con el lenguaje”.
¿Cómo definir el talento? ¿sería la capacidad innata para aprender algo con rapidez y eficacia? Sin duda es una ventaja. Permite acceder a una profundidad y embellecimiento sin demorarse en lo básico.
¿Lo eficaz siempre es bello?, depende. Creo que aparte de resolver, tiene que haber algo que decir con una mirada personal.
¿Quién decide lo que es hermoso, talentoso o bello?
Lo cierto es que cuando algo nos conmueve no tenemos duda. El arte es una experiencia , no un juicio. Nos cautiva y punto.

