EL DESEO presenta una naturaleza multidimensional, que apela a diferentes categorías o enfoques. Siguiendo con la entrada anterior sobre esta cuestión, vamos a centrarnos en el DESEO SEXUAL.
Como ya habíamos comentado, el deseo se confunde con frecuencia con la excitación sexual. Empecemos por aclarar la diferencia.
El DESEO nos habla de las ganas de tener un encuentro erótico, y trae consigo un elemento: la frecuencia con que ese apetito se despierta.
La excitación es la respuesta corporal que acontece cuando esa búsqueda y receptividad sexual están presentes. La excitación atañe a todo el cuerpo, y muy especialmente a los genitales, que se congestionan al experimentar la dilatación de los vasos sanguíneos que los recorren.
Durante el contacto sexual se activan en el cerebro los centros asociados al placer, liberando neurotransmisores como la testosterona y la dopamina, implicados en la experiencia de estar deseantes. El fin es perpetuar las ganas para que continúe la interacción.
La base biológica nos explica, que estamos diseñados para retirarnos de los estímulos dolorosos y acercarnos a las cosas que nos dan placer. La supervivencia es lo que está en juego, es por esto, que el deseo precisa de una situación vital sin déficit de energía.
Cuando hay estresores importantes, enfermedades u otro tipo de situaciones que amenazan la salud, la economía o la confortabilidad, el deseo sexual se inhibe.
El miedo es un potente inhibidor del deseo. Los temores que cortocircuitan el deseo sexual, dependen de experiencias previas poco satisfactorias, creencias basadas en información errónea y cambios en el ciclo vital generadores de inseguridad para verse como sujeto erótico.
Las dificultades en la pareja también acarrean fluctuaciones en los niveles de deseo, y puede ocurrir que los desafíos vitales aumenten la distancia entre dos apetitos que no son confluyentes.
El deseo en las relaciones que comienzan, es más automático debido a la novedad del estímulo, sin embargo, en las relaciones con una larga trayectoria, la clave erótica no se dispara con esa inmediatez siempre. Esto no significa que no haya deseo, es más bien que la relación ha evolucionado y la forma de manifestarse el deseo también. Es importante saberlo, para no asustarse porque haya perdido algo de la impulsividad inicial. La vida real nos obliga a ajustar horarios y buscar espacio para la intimidad física; esto nos habla de un interés en cuidar la relación.
En ocasiones la disminución del deseo sexual tiene más que ver con la desmotivación ante rituales que ya conocemos desde hace mucho, es muy sano buscar otros caminos para satisfacernos.
¿Qué nos puede ayudar?
Lo primero que habría que decir, es que “algo” es una dificultad, cuando así es considerado por alguien. Un descenso en el deseo sexual no es vivido del mismo modo por todo el mundo.
Si sentimos que el deseo nos preocupa, entonces el primer paso ya está dado: identificar y aceptar.
El siguiente paso es discriminar con qué lo relacionamos y ver si podemos ir dando pasos que contribuyan a sentirnos mejor. Consultar a un profesional que nos acompañe y asesore, puede ser una buena idea.
Algunas claves:
-Ser pacientes con la situación en la que estamos y tratarnos bien. Eso facilitará que busquemos soluciones y seamos proactivos.
-No se trata de “obligarse “a hacer algo que no apetece, pero se puede avanzar un poquito explorando cosas sencillas, como la erotización a través de los sentidos.
Me explico, por medio de los órganos sensoriales nos llegan estímulos inductores de placer, desde escuchar música, bailar, comer algo que nos guste. En definitiva, conectarnos con el placer. Por ahí se empieza. Es el modo de abrirse a la receptividad.
Esta actitud permite darse cuenta de lo alejados que estamos en ocasiones del disfrute, y lo inmersos en las obligaciones y mandatos. El deseo no se lleva bien con lo obligado, comenzar por abrir un hueco acogedor y placentero, es caminar en la línea de despertarlo de la letargia.
-Comunicar lo que no nos gusta y lo que sí en el sexo, esto es responsabilizarnos de nuestro propio placer.
-Cultivar la fantasía por medio del cine o la literatura. Los pensamientos y fantasías son inductores internos de placer y deseo.
-Acudir a terapia de pareja ante un período crítico.
-Reflexionar sobre los miedos que puedan estar operando en el descenso del deseo. La toma de conciencia y el conocimiento de nuestra naturaleza más íntima, son fundamentales para atravesar el miedo y abrazar el deseo.
Estaré encantada en resolver cualquier duda que contribuya a mejorar tu intimidad.
–


Maria.
quiero conocer un capitulo sobre exitación y atracción sexual vinculado a deseos.
forma parte del mismo juego.
y como vivir con la frustración
Muchas gracias Dieter por tu comentario.
El deseo es uno de los temas más fascinantes en el ámbito de la sexología. Nos atañe a todos: ya sea porque lo sentimos de modo apremiante, porque anhelamos que vuelva si es que se adormeció por un tiempo, o tal vez estemos en paz con él, pero no por ello deja de ser importante.
Por supuesto dado el interés que genera, volveré a hablar sobre este tema en una nueva entrada de La estantería sexológica.
En cuanto a lo que me preguntas sobre si atracción, deseo y excitación forman parte del mismo juego , te comento: efectivamente son vivencias conectadas; lo que sucede, es que habría que definir qué es la excitación, es decir, a qué nos estamos refiriendo exactamente.
Cuando algo nos atrae y hace surgir el deseo, nos excitamos a nivel global, ¿qué quiere decir esto?: todo nuestro cuerpo despierta hacia aquello que nos llama la atención, y nos interpela provocando el acercamiento.
Por otro lado, habría que diferenciar la excitación que acontece dentro del ciclo de respuesta sexual humana.
Esta última se ve afectada por múltiples factores, con independencia de que el deseo sea grande y nuestro nivel de arousal( esto quiere decir el grado de activación cerebral y fisiológica general) también lo esté.
No siempre se encuentran alineados el deseo y la fase de excitación de la respuesta sexual en los genitales.
Para responder de una forma más concreta sería preciso conocer todas las circunstancias. La frustración desdeluego es legítima, sin embargo es interesante caminar hacia la aceptación por difícil que parezca.
La aceptación es muy importante , de hecho es el primer paso para poder avanzar.
La aceptación no es resignación, es reconocimiento de una realidad, para a partir de ahí, ver qué podemos y qué queremos hacer.