LA TRIANGULACIÓN

El triángulo es una dinámica relacional que obedece siempre a la evitación de un conflicto.

El psiquiatra Murray Bowen lo estudió ampliamente en sus pacientes, y observó la existencia de patrones comportamentales transmitidos de modo transgeneracional.

¿En qué consiste la triangulación? ¿de qué manera nos afecta?

El origen se encuentra en una diada, es decir, entre dos personas muy próximas, cuya intimidad se ha erosionado por algo que no han confrontado.

La evitación de conversaciones incómodas, genera una tensión que acaba siendo difícil de sostener. Por lo general, la persona que se encuentra más molesta o violenta, acaba involucrando a un tercero.

El tercero es un instrumento para soportar la tensión. Es un modo de marcharse sin irse, negando la dependencia. La coalición con el recién llegado disminuye el malestar, dejando el problema aparcado indefinidamente, como cuando metemos el polvo debajo de la alfombra.  

El tercer elemento puede ser una actividad, una enfermedad o una aventura amorosa, da lo mismo, cumple idéntica función: distraer de algo que se posterga.

La alianza con el OTRO es un secreto, en ocasiones “a voces”, negado por los miembros involucrados. El status dentro del entramado es lo que está en juego, una escaramuza que no resuelve el problema de inicio.

 La coalición entre los miembros, va fluctuando por medio de aproximaciones y alejamientos  en función de la culpa, y aunque eventualmente parezca que una transformación decisiva va a producirse, la rigidez del sistema no lo permite.

Un vínculo conformado por tres personas no es un triángulo. Las relaciones abiertas y no monógamas son un buen ejemplo.

¿Cómo diferenciar?

 La pérdida de la capacidad de elección, es un dato clave. El mantenimiento del status y la lucha por la pertenencia y el poder, hacen que surja una sensación de estar atrapado en una situación que no termina nunca, y en la que no se decide realmente lo que se desea.

No hay libertad para moverse sin vigilar las posiciones de las otras personas. El sentimiento de  no escoger, sino de “tener que adaptarse”, produce dolor.

Esto último es importante; en todas las relaciones hay adaptación, pero no es lo mismo escoger adaptarse en un aspecto concreto, que tratar de convencerse de una aceptación que no ha tenido lugar.

El escollo de cada uno de los miembros, se perpetúa en una espiral inflexible de repeticiones que conducen al mismo punto de partida.

Es frecuente la dureza y el juicio social hacia la persona que se incluye para crear el triángulo , como si se tratara de un microbio que se hubiera colado, contaminando un entorno limpio. La realidad es que cada componente del sistema, ha contribuido en el establecimiento de la dinámica, aunque obviamente alguien tomó la iniciativa.

La alternativa sería salir del triángulo y abandonar la ganancia que se obtiene permaneciendo en él.

¿Cómo evitar entrar en un triángulo?

No tomando partido por una persona en contra de otra. La responsabilidad sobre los propios sentimientos es crucial para decidir con libertad y sin manipulación. La decisión genuina no está manchada por las proyecciones que culpan a los demás ni por la victimización.

La culpa arrojada sobre otro de los miembros es estéril, contribuye a justificar la permanencia dentro del sistema y el precio que se paga en forma de dolor el elevado.

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