“La mejor forma de hablar de las cosas serias es la broma” .Oscar Wilde.
El otro día pensaba en la cantidad de cosas que se supone debemos hacer las mujeres en nuestro día a día, en pro de mantener la salud y/ o la belleza. Solo hace falta meterse en Instagram o en youtube para escuchar todo tipo de obligaciones en forma de recomendación o consejo de supuestos expertos, y sobre todo expertas en salud y bienestar femenino.
Cito algunos: dieta antioxidante, entrenamiento de fuerza, ejercicio cardiovascular, meditación, yoga, cuidado de la piel en tres pasos, cultivar el intelecto, tener un trabajo, mantener relaciones saludables, tener sexualidad activa y por supuesto apasionada, salir a pasear por la naturaleza, y además, priorizar el descanso. Esto último me encanta, con esa agenda es todo un desafío.
Te recomiendan no estresarte porque sube el cortisol, y eso es malísimo para todo. Las que están cansadas en su día a día es porque no hacen bien las cosas, explican las podcasters e instagramers.
Hay dos bandos diferenciados, cada uno defiende calurosamente sus consignas y de paso invalida lo que postula el otro. A la cabeza suele haber varias expertas, acreditadas o no, diciéndonos lo que tenemos que hacer urgentemente.
En un bando están las adalides de la medicina estética, que ilustran en Instagram los beneficios de la toxina botulínica, comparando las facciones de personalidades mediáticas: “ con o sin BOTOX”. Como podéis ver un derroche de sororidad.
En el equipo contrario están las que yo llamo las naturales y las del ministerio de la menopausia. Este grupo nos recita de manera continuada los mantras obligatorios de cara al envejecimiento funcional y la jubilación saludable.
El cuerpo de la mujer ha sido controlado a lo largo de la historia. Eventos fisiológicos como la menstruación y la menopausia permanecían desatendidos, y casi podríamos decir ocultos. La sexualidad femenina, y dentro de ella las orientaciones del deseo de la mujer eran ignoradas.
Como mujer, sexóloga y profesional de la salud me interesa mucho la menopausia , divulgo sobre la sexualidad en esta etapa vital. Hay dos entradas en este espacio dedicadas a la menopausia. Recomiendo muy vivamente escuchar y dejarse asesorar por expertas en este tema tan importante.
En España tenemos la suerte de contar con profesionales excelentes, pero: ¿la menopausia a todas horas ? ¿en serio ? . No hace mucho fui al cine y en la publicidad previa a la película pusieron un casi minidocumental sobre la menopausia.
La mujer deja de ser reproductiva para seguir siendo si lo desea, muy productiva. Acumula un bagaje personal y profesional que puede revertir en muchos aspectos enriquecedores. Este discurso, con el que no puedo estar más de acuerdo debe ser compatible con el conocimiento de los cambios que se van a producir en su organismo y los aspectos que es aconsejable cuidar; ahora bien, una cosa es informarse y tomar acción, y otra el bombardeo incesante , que más bien resta tiempo para hacer todas esas cosas creativas.
Se habla reiteradamente de la invisibilidad de la mujer en la mediana edad y de la ventaja masculina. Lo curioso, es que muchos de los juicios sobre lo que hacen las mujeres con sus cuerpos, viene con frecuencia de las propias mujeres. Interesante conducta, no solamente tenemos una mirada autopunitiva , también echamos un vistazo a las demás y opinamos sin que nos lo pidan.
La presión sobre el aspecto físico es muchísimo más fuerte sobre la mujer que sobre el hombre. No hay ninguna duda. La sociedad es más cruel con el envejecimiento de las mujeres, y quizá sea esto lo que lleva a muchas a extremar los cuidados de su cuerpo, y a recurrir a tratamientos estéticos; pero no infantilicemos a las mujeres adultas, con independencia de que subyazca el miedo a perder lo que «socialmente» se supone es su capital erótico.
Durante milenios la mujer ha tenido un papel de cuidadora y se la ha exigido ser bella y virtuosa, por eso en la actualidad nos enfrentamos con una disonancia: tenemos muy claro racionalmente nuestro valor al margen del aspecto físico y la edad, pero internamente nuestro sentir es otro.
De ahí los bandos que nos hacen violentas a las mujeres entre nosotras. Si, he dicho lo que he dicho; y no por ello niego la existencia del privilegio masculino a lo largo y ancho de la historia, ni la violencia que algunos hombres ejercen sobre las mujeres en muchos niveles.
¿Porqué se critica cualquier decisión que tome una mujer con respecto a su cuerpo?, si se cuida porque se está pasando de rosca y no acepta su edad, y si no se cuida, se usan unos cuantos adjetivos descalificándola.
¿Porqué no podemos dejar tranquilas a las mujeres decidiendo si quieren ir al gimnasio, pincharse toxina botulínica, preocuparse de lo que comen o cualquier otra cuestión?
¿Qué es lo que molesta exactamente del hecho de que una mujer se cuide, y no solo para estar sana, sino para embellecerse?, quizá se la supone vanidosa , y en cierto modo se cuestiona su derecho a no emplear todo su tiempo en cuidar de otros. O quizá se supone que el cuidado del cuerpo es algo vacuo, incompatible con la intelectualidad o con el interés por lo espiritual. Me parece bastante absurda esta creencia por lo simplificador de la experiencia humana.
El animal más bello de la naturaleza no es el ser humano. Desde la antigüedad nos hemos apropiado de elementos de otras especies, como las plumas de los pájaros para decorar el cuerpo. Hemos utilizado ornamentos, afeites y otro sinfín de artículos de comercio suntuario.
En la actualidad seguimos tuneándonos. ¿Cuántas mujeres se levantan por la mañana, se quitan las legañas y se van a la calle tal cual?
Depilarse con láser, pintarse los labios, ponerse un vestido favorecedor, » hacer dieta», ir al gimnasio a entrenar, son modos de embellecer, aunque algunos constituyan hábitos saludables y se hagan en nombre de la salud. El salto hacia los tratamientos de medicina estética es cuantitativo, no cualitativo; por tanto, es relativo a la magnitud en la que nos tuneamos.
Los cambios físicos que se realizan tras un esfuerzo personal , ya sea alimentación o ejercicio físico-aparte de que llevan el salvoconducto de la salud- al ser costosos en términos de disciplina, se consideran más aptos que ir a una clínica para hacerse un tratamiento de medicina estética. Hacerse algo por pura estética muchos lo consideran frívolo, sobre todo si lleva un desembolso importante de dinero.
Si, ya sé que no es comparable pintarse el eye liner con hacerse un relleno de ácido hialurónico, pero, ¿quién nos hemos creído para juzgar lo que otra persona adulta decide hacer? ¿porqué no pueden hacer las mujeres sencillamente lo que les dé la gana sin estar sometidas a escrutinio?
Igual de injusto es presionar a las mujeres para modificar partes de su cuerpo, como juzgarlas porque decidan hacerlo libremente.
No me compro el argumento de que no son libres; puede que se encuentren presionadas socialmente para estar bellas, de eso trata en parte esta entrada, pero los adultos decidimos sobre muchas cuestiones a menudo sometidos a múltiples condicionantes.
Resaltar los signos de belleza según la época y tratar de atenuar lo que no nos favorece, es algo muy antiguo. Tanto hombres como mujeres lo han tenido en cuenta , tomemos como ejemplo los retratos idealizados de los reyes; viene a ser el equivalente de ponerse un filtro en una foto actualmente. Lo que sucede, es que no se juzga al hombre que se hace un trasplante capilar con la misma dureza que a la mujer que se rellena los labios; del mismo modo, que un hombre no se siente muy afectado si aumenta su perímetro abdominal después de las vacaciones que si le sucede a una mujer.
Creo que la falta de tolerancia hacia otras formas de ver las cosas y de actuar, hace que las posiciones estén tan encontradas, y lejos de ayudar nos confunde más.
Es bien cierto que hoy día, pese a la autonomía y libertad que gozamos, el efecto multiplicador de las redes sociales, obsesiona más a las mujeres sobre los cuidados en torno a la salud, la belleza y el envejecimiento. La avalancha de imágenes que interpelan poniendo como ejemplo mujeres con condiciones físicas inalcanzables es apabullante.
Especialmente preocupante es el acceso de niñas a tratamientos estéticos que por edad son innecesarios, y que sin dudan nos hablan de valores personales sostenidos en unos pilares muy endebles.
No se trata de colocarse en un bando y defenderlo de forma dogmática, sino de apelar al sentido común. El famoso término medio, del que nos alejamos cuando nos ponemos en modo cruzada, defendiendo una postura como si fuera un credo.
Estoy de acuerdo con los hábitos de vida saludable, con instaurar cambios en función de nuestra etapa vital y de nuestras características y circunstancias, pero sin ir más allá de lo razonable.
Lo contrario es transformar el cuidado en una tortura. El cuidado debe ser consistente en el tiempo, y con esto me refiero a durante toda la vida. En el asunto de la salud y por ende la belleza, al organismo le da igual la extravagancia que hagamos una temporada, lo que le beneficia es lo que hacemos de manera habitual. En definitiva hacer cosas que nos ayuden a estar bien dentro de nuestra salud y perfil de orientación, sin obsesionarse ni emular recetas que lo mismo no van mucho con nosotros.
Otro aspecto fundamental, es buscar información de un profesional cuando se decida dar un paso hacia una dirección en la que no dispongamos de suficiente información, lo que implica asesorarse por alguien que dispone de un sólido marco teórico y mucha experiencia. Cualquiera no es experto en algo por mucho que se haya leído unos libros o haya pasado por una experiencia personal y quiera compartirla.
Como diría una sabia amiga: “Tómatelo con soda”, que viene a ser lo mismo que take it easy.

