En defensa del Romance (parte I)

La definición académica del amor romántico nos habla de una vivencia donde pasión e intimidad son los ingredientes que la conforman, el compromiso sin embargo se encuentra fuera del vínculo de tal modo que la proyección futura es incierta. Literatura y cine han retratado a la perfección esta experiencia idealizada que no alcanza a sufrir las transformaciones ni el desgaste del tiempo.

¿Amor romántico o amor pasional?

Es frecuente la confusión entre amor romántico y amor pasional ya que ambos presentan la emoción arrebatada del enamoramiento, la diferencia estriba en la duración y el voltaje de la pasión. En las historias romantizadas es habitual que su recorrido sea mayor debido a la distancia y las dificultades que tienen los amantes para dar continuidad a su historia transmutándose en un hermoso recuerdo o avivándose por las intermitencias de los encuentros.

Es cierto que conocer a otra persona requiere tiempo, ilusión y vigor, ¿acaso no hacemos lo mismo con todo lo que nos encanta?

Tanto el amor romántico como el enamoramiento tienen muy mala prensa hoy en día, el primero porque se evapora en la cotidianeidad y el segundo por ser definido como un preludio alucinatorio. Según algunos gurús de las relaciones afectivas tomar decisiones trascendentales en este periodo supone un alto riesgo siendo necesario despojarle de brillo, apelando a la idealización que conlleva y a la transitoriedad.

Ante estas declaraciones hay mucho que comentar, para empezar todos los procesos que conforman nuestra existencia son provisionales, la impermanencia es lo único constante, es inútil desmerecer una experiencia precursora de nuestras historias amorosas, en otras palabras, nos ocurre de todas formas. Enamorarse por lo general implica poner mucha energía en conocer a quien nos ha seducido, pero no significa en absoluto que sea el único asunto relevante en la vida durante ese proceso. Es cierto que se dedica tiempo, ilusión y vigor, ¿acaso no hacemos lo mismo con todo lo que nos encanta?

¿Cuántas personas sin el influjo del miedo realmente desean iniciar un vínculo amoroso descafeinado como si se tratara de un acuerdo aséptico?

¿Es posible el desarrollo de una historia si no nos permitimos el comienzo?, ¿Tiene interés leerse una buena novela saltándose los cuatro primeros capítulos lanzándonos al desenlace?  

Hay quienes arguyen que los responsables de la debacle emocional que vivimos cuando estamos en modo romántico la tienen los productos culturales, se nos olvida o se desconoce que el SEXO en los seres humanos lleva imbricado la biología y la cultura, no existimos fuera de un contexto cultural, en función de estas dos coordenadas indisociables nos construimos y amamos.

El arte no es inocente y las creencias y valores culturales sin duda tienen un propósito, no obstante, desde nuestra capacidad de reflexión podemos elegir a qué nos adherimos y qué desatendemos. Las relaciones entre los seres humanos son de interdependencia y en los adultos deben ser horizontales, con reciprocidad y respeto, este aspecto fundamental es compatible con disfrutar del cortejo, la seducción y el aroma romántico de los comienzos. 

Otra cuestión es cómo llevamos a la práctica el vínculo amoroso, cómo alcanzamos acuerdos en el amor y cómo aceptamos el peso de la realidad que va modelando cada día nuestra vida amorosa. Por supuesto que no todos los idilios van a desembocar en una conexión a largo plazo y que no es saludable buscar el amor en un sitio equivocado.

Hay confusión a la hora de entender la construcción de la relación amorosa, un camino que comienza con la ficción personal y que la realidad va disolviendo al permitirnos ver realmente a quien elegimos libremente cada día.   

No hay que defenderse tanto de Cupido sino entender que vivir una relación con toques de romanticismo o enamorarse es compatible con tener una vida propia, no estamos en el siglo XIX. Las sociedades mutan y los modos de relacionarnos van adaptándose a los condicionantes del momento que nos toca vivir.

En la actualidad se asocia el amor romántico con la sumisión, lo cierto es que muchas relaciones estables que ya han perdido completamente todo atisbo de romanticismo y enamoramiento presentan un desequilibrio de poder que las hace disfuncionales, no es el romanticismo el responsable del maltrato y la violencia sino la intolerancia ante la diferencia del otro, la dificultad para confrontar los valores y las ideas propias y las barreras para terminar un vínculo que no es nutritivo ni saludable.   

 Antes de zambullirme en la defensa que ya estoy haciendo de la No devaluación de una experiencia que nos viene ocurriendo desde hace mucho, voy a retroceder al origen de este término que tiene que ver con la exaltación de los sentimientos, el erotismo y la subjetividad.

El romanticismo en la historia

La voz francesa Romantique deriva de la palabra Roman cuyo significado es novela, esto es debido a la impresión en lengua Romance de las leyendas de caballerías en el siglo XVI a diferencia de los tratados científicos, para los que se empleaba el latín y el griego.

Como contrapunto al racionalismo del movimiento ilustrado, surge en Alemania e Inglaterra a finales del siglo XVIII el Romanticismo, corriente cultural que da valor a la originalidad, recupera la mitología artúrica y nórdica del medievo y ensalza lo sentimental y onírico.

Los románticos no están interesados en las fórmulas generales tan valoradas en el método científico, su universo es otro, el de lo diferente y singular, tanto es así que desde este movimiento cultural se trata de limitar el poder del estado, ensalzando el amor libre y rechazando la institución matrimonial.

Otro concepto clave en este movimiento filosófico y cultural es el “eclecticismo “de las creaciones situadas en las afueras metafóricas de lo ordinario como búsqueda de la identidad. Se valora la expresión individual por encima del tecnicismo, desaparece el matiz comercial en beneficio de la experiencia subjetiva. El virtuosismo es desplazado por la belleza imperfecta que proviene del misterio, de ahí que los románticos utilicen la naturaleza, las ruinas y los cementerios como símbolos de la victoria frente a los convencionalismos de la civilización.

Mary Wollstonecraft Shelley dramaturga y novelista perteneciente al romanticismo británico   escribe la novela gótica” Frankenstein o El moderno Prometeo”, la temática gravita en torno al poder de la ciencia para crear y destruir seres humanos y las consecuencias del desafío al libre discurrir de la naturaleza.

En la España del romanticismo la lucha feminista se incorporó en las publicaciones románticas de manera que las autoras dispusieron de un espacio para expresar su malestar y descontento social. Históricamente la mujer se ha visto obligada a silenciar su deseo sexual ejercitando la fantasía que alimentaba la lectura, esta circunstancia facilitó la creación artística y las ensoñaciones voluptuosas.

Vestigios del romanticismo hoy

El escritor Stefan Bollmann explora en su obra “Las mujeres que leen son peligrosas” la representación artística de niñas y mujeres inmersas en el hábito de la lectura, el autor plantea que el gusto por bucear en los libros ha contribuido a la emancipación femenina. Durante siglos se dificultó el acceso de la literatura a las mujeres, tendrá que llegar la época victoriana para que las madres empiecen a elegir los libros a sus hijas y ahí es donde aparece la afición por la novela y los personajes femeninos inspiradores.

El efecto que producen las palabras escritas permite el cuestionamiento y favorece la insumisión impulsando acciones que antes eran impensables, los personajes femeninos retratados en la ficción actúan como disparador de una crítica hacia el modelo de vida propio.

La mujer decimonónica se encuentra conflictuada  entre el discurso emancipador sufragista  y la pleitesía de género  por su codificación como esposa y madre ,si bien es cierto que las historias románticas no la sitúan en el lugar social de la productividad por otro lado  facilitan su acceso a la cultura .Tiene mucho sentido la vigilancia  masculina tradicional sobre las lecturas femeninas ya que los libros  amplifican  sus miradas y su deseo desestabilizando el establishment y por ende el control sobre su sexualidad.

Actualmente los vestigios románticos se mezclan con diferentes corrientes de pensamiento conformando una sociedad híbrida, es ingenuo contemplar el romanticismo presente con los ojos de otra época, hoy en día las historias románticas constituyen el tramo inicial de un amor que luego se vuelve íntimo y cotidiano o bien acaba siendo un episodio detenido en el tiempo dentro de nuestra biografía amorosa. La cualidad efímera del amor romántico solicita considerarlo y enaltecerlo al tiempo que aceptamos su conclusión.

La novela “NO TE VERÉ MORIR “del escritor Antonio Muñoz Molina nos sirve para ilustrar la esencia del romanticismo a través de los amores pasados que tienen mucho que decir sobre nosotros, la narrativa conjuga las trampas de la nostalgia y de la memoria para contarnos la historia de juventud de Gabriel Aristu y Adriana Zuber, un hermoso relato que pone de manifiesto el barniz embellecedor que el tiempo deposita sobre el recuerdo y la ambivalencia en la remembranza de la historia. Los protagonistas se reencuentran en su madurez y se enfrentan al hiato entre la evocación del deseo de aquel entonces y los seres biográficos que son ahora, una grieta insalvable. Honrar la reminiscencia de ese amor y aceptar que son ya otros individuos cincelados por el tiempo es la tarea que les encomienda la vida.

Continuará…

En defensa del romance

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