el yin y el yang versus el cronómetro

Hace unas semanas me invitaron al podcast Bielas y Birras; disfruté mucho a través del diálogo curioso y nutritivo que surgía espontáneamente entre mi entrevistador, Diego, y yo. Hablamos sobre sexualidad, erotismo, educación sexual y otras cuestiones , saliéndonos con frecuencia del guion, que es lo que sucede cuando estás a gusto.

Al hilo de las curiosidades acerca de la eyaculación y el orgasmo masculino, me ha parecido interesante escribir sobre enfoques sexológicos; que partiendo de lugares distintos, acaban dándose la mano.

Te dejo al final de la entrada el episodio , por si te apetece escucharlo.

Antes de nada, una breve explicación fisiológica para centrarnos en el tema y que sea más fácil la integración de lo que viene después:

La presencia de un estímulo sensorial, pongamos como ejemplo el tacto, es recogida por receptores de la piel, y se transmite de la médula espinal al cerebro. Es el cerebro quien decide que lo consideremos un estímulo erótico.

 La excitación que desencadena se trata de un acto reflejo, es decir, es una experiencia involuntaria. Durante esta primera fase de la excitación sexual, se activa el sistema parasimpático, induciendo la relajación y la apertura al goce.

 La musculatura lisa de los cuerpos cavernosos y esponjoso del pene, se dilatan, rellenándose de sangre y permitiendo la erección.  

Alcanzada la tensión máxima, brota la sensación orgásmica; un placer subjetivo vehiculizado por opiáceos (endorfinas y encefalinas) fabricados en el sistema nervioso central.

 El placer estalla desde la pelvis, pero la respuesta orgásmica atañe a todo el organismo:  la musculatura, la superficie de la piel y las ondas cerebrales.

Aunque con frecuencia coinciden, sabemos que el orgasmo puede no venir acompañado de eyaculación, del mismo modo que la eyaculación se puede dar en ausencia de sensación orgásmica. Los centros nerviosos que participan en ambos acontecimientos son distintos.

Ahora retrocedamos a tiempos remotos, ya verás más adelante porqué.

Cuando el ser humano alcanza la bipedestación, algo muy interesante ocurre: reproducción y placer se transforman en dos motivaciones diferentes en el Yo sexuado.

Veamos qué sucede:

-La mujer tiene deseo sexual en cualquier día del ciclo menstrual, siendo la ovulación oculta

-El clítoris se sitúa en la vulva, teniendo como función específica el placer

-Los rituales de cortejo y seducción se sofistican

Según los entomólogos, el tiempo que precisaba el hombre para eyacular interesaba que fuera breve, con el fin de rentabilizar la reproducción; pero a medida que evolucionamos como especie, uno de los cambios que se producen en aras de prolongar el juego erótico, es el aprendizaje del hombre a discriminar el punto de inevitabilidad eyaculatoria, retrasando la fase final de la respuesta sexual.

En la actualidad, con el incremento de la esperanza de vida los seres humanos seguimos interesados en compartir nuestra sexualidad , más allá de la etapa fértil en la mujer, y del descenso de la producción de espermatozoides en el hombre. Otro botón de muestra de la repercusión que tuvo el hito evolutivo de la bipedestación.

La cultura china milenaria ya hablaba de la experiencia sexual como un goce de los sentidos; debía saborearse y disfrutarse contribuyendo a la salud del organismo; el lento deleite del gourmet, que sabe apreciar los matices del olor, la textura y el sabor de la piel en toda su amplitud, cultivando lo que le gusta en el encuentro erótico al tiempo que siente la comunión con el otro.

El escritor R.H. van Gulik dice en su libro La vida sexual en la antigua china: “Fue probablemente esta actitud mental (considerar lo sexual como una parte de la naturaleza…, sin asociarlo nunca con un sentimiento de pecado o de culpa moral), junto con una casi total carencia de represión, lo que originó que fuese algo del todo saludable”.

Los sexólogos Phyllis Kronhausen y Eberhard Kronhausen en su libro “arte erótico”, describen el  erotismo en la antigua china, e instan a sumergirse en la sensualidad de la cultura china, recomendando su literatura llena de matices y poesía.

Lo atractivo del enfoque sexológico oriental, es que a través de la sensualidad y la ausencia de presión y obligatoriedad – ya que el rendimiento no le concierne – logra regular la eyaculación, dando relevancia al juego entre los amantes y la sintonía entre los principios femenino (yin) y masculino (yang).

La palabra Tao en chino significa camino, tiene una connotación espiritual ligada a la naturaleza, y en la sexualidad presenta tres principios básicos: el retraso de la eyaculación, la importancia de la conexión entre los amantes, y aceptar que la eyaculación y el orgasmo no van necesariamente asociados.

Las conclusiones alcanzadas por los médicos chinos milenarios concuerdan con las evidencias científicas  del mundo occidental. Los sexólogos Masters y Johnson recomendaban la interrupción de los movimientos pélvicos durante el coito, con objeto de prolongar la duración del encuentro erótico.

Masters y Johnson dividen el ciclo de la respuesta sexual en cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución; seguidas de un período refractario, en el cual el cuerpo precisa un descanso antes de volver a comenzar otro ciclo, si así se desea.

Para lograr describir las diferentes fases y los sucesos fisiológicos que tienen lugar durante la relación sexual, realizaron registros de una muestra muy amplia, teniendo en cuenta diferentes variables de los sujetos estudiados. Esto supuso un gran avance, y en la actualidad sigue siendo un modelo referencial, con matices que han llegado después a la sexología.

No podemos olvidar que el cronómetro pertenece al ámbito de la investigación y que la intimidad sexual es otro asunto muy diferente. El aprendizaje de habilidades es compatible con el juego y el fluir de la experiencia.

El coito es una de las posibles prácticas dentro del juego amoroso, pero no la única; del mismo modo que el orgasmo no es decisivo para que la intimidad física sea muy placentera.

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