Pequeñas variables que no controlamos en absoluto, determinan que acabemos conociendo a alguien. Da igual que haya un algoritmo de por medio, el azar es quien elige. EL desarrollo de la historia dependerá de nuestras decisiones, sujetas a condicionantes: trabajo, hijos, lugar en que vivimos, etc.
El equilibrio del vínculo y su aterrizaje en el plano real se parece bastante a las leyes de la termodinámica.
La entropía tiene que ver con el grado de organización de un sistema. Mide los microestados internos. En el entramado se encuentra el sentido de los sucesos.
Cuanto más azaroso sea un acontecimiento, mayor es la entropía que se precisa para alcanzar la configuración más estable posible.
Para explicarlo de un modo sencillo: toda historia supone cambios en pro del crecimiento, y estos cambios producen modificaciones en el sistema relacional.
Cada vínculo abraza otros vínculos significativos. Cuanto mayor sea la relevancia, mayor es la permeabilidad entre unos y otros, con independencia de que parezcan situados en compartimentos estancos.
Dos elementos atraviesan la colmena de circunstancias que envuelven la interacción en una pareja: el orden y los juegos que jugamos.
Empecemos por los juegos. ¿Qué significado tiene la palabra juego en las relaciones íntimas?
Si pensamos en la infancia, el juego es una forma de expresión accesible en los niños y un modelo de aprendizaje para entrenar habilidades.
La relación que elegimos no es el juego en sí mismo, pero tiene reglas básicas; no es lo mismo una partida de ajedrez que de póker. Podemos aceptar las características del ámbito relacional o salirnos. Lo que no es posible es pretender que sea otra cosa.
Con frecuencia, cuando se persigue alterar la idiosincrasia del vínculo, aparecen los juegos entre adultos. Son dinámicas disparadas por la frustración, el enojo o la tristeza y no sirven para comunicar con eficacia.
Poniendo un ejemplo práctico: iniciar una relación amorosa con alguien comprometido afectivamente con un tercero, supone aceptar unos límites. Las opciones son quedarse o irse. La expectativa de cambiar el rol dentro de la relación no es realista.
La caricia es la unidad de comunicación interpersonal; puede ser física o simbólica a través del reconocimiento. Cuando la cantidad de caricias positivas está por debajo del umbral que alimenta la sensación de pertenencia, se acepta la caricia negativa. El Escozor que provoca a ambos jugadores logra al menos llamar la atención. Es un alimento pobre, que responde a la lógica de “mírame, estoy aquí”.
Según el análisis transaccional de Claude Steiner, la intimidad asusta porque es el espacio donde se intercambian caricias prohibidas en la infancia. El juego psicológico está fuera de la intimidad. Indica la dificultad para expresar lo que se siente.
El orden en los vínculos es otro elemento clave. Para comprenderlo, es necesario saber que vínculo y amor no son la misma cosa, aunque puedan coincidir.
El vínculo es la unión con una persona por diferentes causas: responsabilidad, afecto, placer, trabajo, amor.
El orden marca la jerarquía a la hora de atender nuestras relaciones. La familia nueva en la adultez (pareja, hijos y amistades) tiene prioridad con respecto a la familia de origen.
El proceso de individuación requiere salir del núcleo familiar primigenio y crear una vida propia.
Privilegiar lo que está fuera de nuestra construcción genuina, es mantener la lealtad a un guion que no nos pertenece.
El guion es la planificación vital, establecida en una etapa temprana en la que no se dispone de las competencias para tomar esa decisión. De un modo inconsciente, se transmiten mensajes encaminados a la aceptación del guion en la infancia.
Casi siempre lo que está en juego es la negación de una actividad, de modo que el niño se encuentra conflictuado entre su autonomía y la obediencia.
Por medio de lo simbólico se transmite “lo que uno es”, y así, una vez internalizada la creencia no es preciso dar órdenes.
Los mandatos indican lo prohibido, y la atribución lo que es obligado. El mandato no se transmite verbalmente, es suficiente la falta de refuerzo para desalentar. Esta dinámica explica porqué muchos adultos creen que han escogido libremente.
El guion internalizado es decisivo en la elección de pareja e incluso de profesión, de ahí la importancia de despertar y hacerlo consciente. Es el único modo de transformar nuestro interior, avanzando hacia una identidad genuina.
El proceso de cambio, provoca movimientos en el tablero de ajedrez de las relaciones y no tienen porqué ser bien recibidos, sin embargo, es necesario establecer el orden en el amor para trazar la línea de vida según nuestra verdadera naturaleza.

