La contradicción entre el subtítulo de la entrada y el poema de Kavafis contiene el magnetismo que opera en la seducción.
La seducción es un proceso lento, requiere la atracción entre dos polos y la resistencia a sucumbir de inmediato a una exposición clara . Participa del misterio de dos deseos que confluyen con sus interrogantes. Ni siquiera el propio sujeto, a través del lenguaje puede describir con exactitud su deseo, y menos disponer de transparencia a cerca del deseo del otro. De ahí viene el goce y el riesgo, confluyentes ante el secreto de la otredad. Es la lectura de una partitura, hay figuras y pausas. Se alimenta de las intermitencias.
Los puede ser…quizá , tal vez ,están presentes desde la humilde ignorancia de nuestra humanidad y desde la curiosidad juguetona.
La discontinuidad en el contacto entre los potenciales amantes favorece el misterio y el trabajo de la imaginación. Rincones indescifrables de la personalidad se rellenan con fantasías.
No es un proceso económico; se precisa tiempo, creatividad, sentido de la estrategia y aceptar el riesgo emocional. Sin duda, el seductor invierte tanta energía, porque de antemano ha elegido a alguien que le atrae de una manera especial.
Ligar no es lo mismo que seducir, aunque hay quienes lo confunden. Ligar consiste en realizar una transacción carnal a través de un acuerdo no trabajoso, lo que no quiere decir que no participe del afecto. La seducción en cambio, no se lleva bien con los placeres a corto plazo como finalidad.
Otro concepto que resulta familiar o próximo, es la persuasión. Coquetea con la seducción y aunque la roza, tampoco es lo mismo. Emplea un potente argumentario aproximando puntos de vista, toca fundamentalmente lo cognitivo.
Los roles de seductor y seducido se intercambian a lo largo de la travesía, como en una partida de ajedrez. Pareciera que uno de los dos tomara la iniciativa, que es más proactivo o tiene más interés. No es del todo cierto, la atracción existe entre ambos y las riendas van alternando de manos; además, la inacción también es una forma de acción.
El poder, delimitado por las fortalezas y fragilidades, atraviesa el juego de la seducción. Es ingenuo hacer como que no existe. Sin duda alimenta el deseo, nos excita y pone en riesgo. Además nos habla de la agencia en el ámbito de la sexualidad entre adultos: la posibilidad de PODER IR O NO, aunque no sepa muy bien hacia donde.
El poder es sexy, no sólo en el sentido de brillar, sino en descubrir la fragilidad, aún a riesgo de perder el vínculo que se está creando . Ahí, hay mucha fuerza.
Existen dos coordenadas: tiempo y ritmo al servicio de la seducción. El tiempo permite crear un espacio común en el que se mezclan las fantasías con hechos objetivos independientes de la creación mental . Propicia el conocimiento de facetas de la otra persona. Si la atracción continúa, el deseo de ahondar en la relación crece. Es así como poco a poco se va produciendo el encantamiento, entremezclando lo que se desvela con lo que todavía no se conoce.
El ritmo está relacionado con saber calibrar la distancia. Aquí se pueden dar malentendidos en relación con velocidades no coincidentes. Una pausa, en ocasiones se interpreta como un alejamiento excesivo, desmotivando y dando al traste con la seducción.
La duración indefinida de la seducción como manera EXCLUSIVA de estar en relación, indica una dificultad para alcanzar la intimidad o una toxicidad relacional. No olvidemos que conlleva emocionalidad, creatividad y anhelo. El suspense continuo desgasta, llegado un momento el alma agradece dar paso a emociones blandas sin la presencia del cálculo. En otras palabras, no es posible » mantener el tipo en todo momento».
Parece complicado al confluir tantas variables en el proceso , pero lo hacemos continuamente: en la política, el trabajo, en los encuentros eróticos y por supuesto cuando nos enamoramos.
La resistencia y el miedo a dejarse llevar por el enigma es muy habitual. Con frecuencia, precipita conductas encaminadas a alcanzar la conclusión. Puede resultar difícil sostener la tensión erótica. Otra forma de oponerse al misterio, es la desconexión emocional, evitando ser despojado de la tranquilidad cotidiana.
Muchas seducciones no progresan por diferentes motivos: no se conecta con el estilo de seducción, no se comprende el modo de transmitir el deseo, se malinterpreta la aparición de una actitud dubitativa , el miedo bloquea, o sencillamente no seduce en absoluto.
Stendhal, en su tratado “Del amor “, explica las inseguridades inherentes en el enamoramiento. El autor denomina cristalizaciones a los fenómenos que suceden en la mente , con el fin de mitigar la zozobra y el miedo a la pérdida. Al comienzo del idilio no se entienden los códigos seductores del amante. Es entonces cuando se recurre a la cristalización de solución imaginaria. En esta fase la fantasía prosigue idealizando para apuntalar como adecuado el objeto amoroso.
Alcanzada la intimidad, los temores que surgen se apaciguan con soluciones más reales.
A mí modo de ver el enamoramiento es una puerta de entrada al amor, o si se quiere un amor incipiente. Por algún sitio hay que empezar. Es cierto que comienza con la ficción y tiene un origen inconsciente. Parte de nuestra vida se derrama en esa experiencia, con independencia de que prospere una vez concluida la idealización. Idealización por otro lado inevitable en el Eros. No tenemos otro modo de dar el pistoletazo de salida a la historia . Nos enamoramos de personas que podemos idealizar o embellecer en función de nuestro recorrido vital y de cómo estamos siendo ahora.
Proyectamos al toparnos con el misterio, el tiempo pondrá de manifiesto si ese deseo motriz es compatible con un amor en el que podamos crecer, aprendiendo a conocer a la pareja y amándola por ser quien es .
El enigma es hermoso, de lo contrario la creación del vínculo sería algo tan frío como comprarse un ordenador; una comprobación de requisitos siguiendo la lógica de consumo del mercado de la carne.
Vamos hacia el amor con todo lo que somos: pasión, ilusión, apego, experiencia, dolor, fantasía, miedo …tratar de colocar mamparas higiénicas para controlar la experiencia humana no me convence. No funciona la fragmentación en variables discretas dentro de un continuum que nos envuelve y desordena por un tiempo.
Dentro del fenómeno amoroso no solo operan las proyecciones iniciales, la realidad nos regala sorpresas que no esperábamos. Algunas desdicen nuestra mitología. Es en ese límite: la aceptación de que no todos los deseos pueden ser satisfechos, donde se encuentra el índice de nuestro amor. La tolerancia de la diferencia.
La manera en qué seducimos forma parte de nuestra idiosincrasia, es el lado brillante y prestidigitador que sacamos cuando algo nos importa mucho . Da pistas desde el inicio del cortejo sobre el lenguaje amoroso que utilizamos, aunque sea un amor en estado embrionario . Lo que está en juego todo el tiempo es el deseo, piedra filosofal del erotismo y de la sexualidad humana.
La seducción no interesa tan solo al comienzo de una historia de amor. El amor no está hecho, está siendo …vivimos en gerundio. La gran seducción inaugural, ante aquel enigma original que nos desconcertaba, se produjo; pero la vida discurre y ya no somos los mismos. Tienen cabida nuevas seducciones en ese amor que comenzó y continúa en construcción.
Bibliografía recomendada:
– Psicología de la seducción. Alejandra Vallejo- Nágera
– El arte de la seducción. Robert Greene
– La seducción. Sara Torres
– Del amor. Stendhal
– Cita a ciegas. Anne Dufourmantelle
– Elogio del riesgo. Anne Dufourmantelle

