Mujer cuerpo y sexualidad

El cuerpo de la mujer experimenta importantes modificaciones a lo largo de la trayectoria vital en función de eventos hormonales. Cada una de estas etapas está marcada por un suceso que atañe al cuerpo y por lo tanto a su sexualidad.

Con cada cambio no solo nos vemos diferentes en el espejo, también nos sentimos distintas; y el enfoque, los proyectos y la perspectiva cambia.

El primer hecho inaugural es la menarquia, esa primera hemorragia vivida de forma diferente en cada mujer. Para algunas representa el paso a una madurez corporal que todavía no se ha acomodado a una mente casi infantil, para otras supone dejar atrás un cuerpo de niña y abrirse a una sensualidad desconocida y deseada. La diversidad en la experiencia refleja lo diferentes que somos con independencia del curso de la fisiología.

Desde la primera menstruación, durante un período largo la mujer se vuelve cíclica. Todos los meses vive sensaciones que se vuelven conocidas. Vamos sabiendo cómo somos, qué nos pasa.  

La sexualidad durante los días de sangrado puede ser muy placentera para algunas mujeres, el deseo se acrecenta en la segunda mitad del ciclo menstrual.

 Se ha observado una correlación positiva entre la frecuencia de la actividad sexual y el nivel de testosterona en sangre, lo paradójico es que la mujer presenta un mayor nivel de deseo unos días antes o alguno después del comienzo de la regla, momentos en los que la concentración de testosterona es más baja. 

Es importante señalar la influencia de diferentes factores en la sexualidad femenina; no todo es achacable a las hormonas. Hay condicionantes personales influyendo en los pensamientos de contenido erótico y en las ganas de dar rienda a la sensualidad y el erotismo.

 Existen situaciones físicas responsables de malestar y dolor intenso. Un ejemplo es la endometriosis: enfermedad crónica en la que un tejido similar al revestimiento de la cavidad uterina se implanta en otros lugares de la anatomía como el intestino, las trompas de Falopio, los ovarios y otras localizaciones pélvicas.

La sexualidad en el contexto de la endometriosis, y muy especialmente durante la menstruación, se torna complicada debido al dolor y el sangrado intenso. Es fundamental el diagnóstico precoz y la instauración de tratamientos lo menos agresivos posible, con el fin de mejorar la calidad de vida y por supuesto la sexualidad.

Es interesante explorar nuevas formas de placer, juegos que lleven al disfrute saliendo de los caminos conocidos y encontrando la propia forma de gozar. Esquivar el dolor, buscar las caricias que gustan de verdad. Permitirse gozar de la manera que una goza, sin seguir las pautas de nadie. A veces las pautas generales son grandes mentiras a nivel individual. Ni de lejos todas disfrutamos con lo mismo.

El embarazo es otra experiencia transformadora a muchos niveles. Como dice el psicoanalista Massimo Recalcati, está marcada por la espera. El útero se acolcha conformando un dormitorio mullido y caliente donde se fragua la vida. Dos seres se inmiscuyen, con la particularidad de compartir un cuerpo y al mismo tiempo estar diferenciados.

El primer trimestre del embarazo es un tiempo de adaptación en el que puede haber algunas incomodidades iniciales. Durante el segundo trimestre la situación suele cambiar para bien, la adaptación ya se ha producido y debido a la congestión de la vulva y la vagina, las relaciones sexuales son muy placenteras y existe una gran facilidad para tener orgasmos.

Los cambios se producen de dentro afuera, y suponen un reajuste de la mirada del cuerpo. El espejo devuelve otra imagen muy distinta a la anterior al proceso de gestación. Se puede sentir extrañeza e incluso un desajuste temporal; en el sentido de que se asocia la erótica y la deseabilidad a un cuerpo que ya no existe.

Para ir hacia el encuentro erótico con deseo, es preciso sentirnos sujeto erótico. Sentirnos deseables. La búsqueda de la sensualidad en una carnalidad diferente lleva tiempo.

La crianza es una época especialmente dura, absorbe energía desplazando inevitablemente el eje de la pareja. La dificultad para mantener los roles de cuidadora y de pareja, radica en que las ganas de estar en el vínculo amoroso y el deseo sexual germinan en el excedente de energía. 

El cansancio hace más fácil convertir la discrepancia en discusión, y sin darnos cuenta la comunicación se va deshilachando. Muchas parejas acuden a terapia cuando su relación se ha deteriorado mucho.

Es frecuente sentir ambivalencia y no encontrar espacios donde poder derramarse abiertamente. Integrar el amor hacia el hijo con otros sentimientos derivados del cansancio, la pérdida de tiempo disponible para una misma y el duelo por el cuerpo que se tuvo, es una conversación acallada.  

Cuidar otras parcelas de la vida como la profesional y los proyectos propios, es vivida con culpa. La sensación de “no tener derecho a una vida al margen de la crianza” se lleva el ánimo por delante dejando el deseo fuera de la ecuación.

Otro de los cambios vitales de la mujer concierne al cese de las menstruaciones, entrando en lo que se conoce como postmenopausia. Uno de los mecanismos que acontecen en los años previos es el descenso de la sensibilidad de los ovarios a unas hormonas producidas en el sistema nervioso central (FSH y LH), esto tiene como consecuencia la disminución del nivel de estradiol, progesterona y testosterona y la consecuente, entre otras, disminución de la libido.

Durante este período biológico ocurren muchas cosas: cambios en la distribución de la grasa corporal  (de nuevo  el cuerpo frente al espejo. Puede parecer frívolo mencionarlo, pero a muchas mujeres les preocupa y les hace sentir inseguras con respecto a su atractivo sexual), sequedad de piel y mucosas y disminución de la lubricación en la fase excitatoria de la respuesta sexual. Se ha visto que este aspecto sucede más lentamente y en menor grado en mujeres sexualmente activas.   

 Se habla poco de otra situación que surge en la menopausia y en otras situaciones en la vida de la mujer: la incontinencia urinaria

Es una situación estigmatizadora que ocasiona un problema social y por supuesto afecta a la sexualidad.

La prevalencia es de 5-15% entre mujeres a partir de los cincuenta años (datos obtenidos en 2020). Factores como la menopausia, los partos vaginales, la diabetes, las pacientes histerectomizadas (extirpación quirúrgica del útero), el tabaquismo y otras circunstancias médicas, favorecen la incontinencia.

En las mujeres jóvenes el stress (incontinencia de urgencia, sienten que tienen que orinar rápidamente) es una de las causas, y en las mujeres en torno a los 45-55 años el origen es variado, siendo lo hormonal la principal causa.

Los cambios en el suelo pélvico tras el embarazo y parto también propician la incontinencia de orina; existe una correlación entre la aparición de pérdidas de orina en la gestación o inmediatamente después del parto y la futura incontinencia.

Ejercitar el suelo pélvico, fortaleciendo el elevador del ano y el músculo pubococcígeo contribuye a disminuir la incontinencia y ayuda a tener orgasmos al integrar la musculatura perineal en el esquema corporal.

Medidas que pueden ayudar aparte de la fisioterapia de suelo pélvico y la práctica de los ejercicios de Kegel: evitar la obesidad y el estreñimiento, evitar la sedestación prolongada, limitar el consumo de alcohol y picantes.

La molestia al orinar-  conocida como disuria –  es otra de las situaciones que pueden afectar a las relaciones sexuales con prácticas genitales, siendo estas coitales o no.

Son más frecuentes en las mujeres entre 25-54 años y en aquellas sexualmente activas.

Las causas pueden ser infecciosas o no. Otras posibilidades son los cólicos renoureterales (lo que se conoce como arenilla o piedras en el trayecto urinario), lesiones en la vulva o el interior de la vagina.

Es frecuente confundir la sensación que recuerda a la infección de orina, con el picor y desazón que acontece en el síndrome génitourinario de la menopausia.

El síndrome génitourinario de la menopausia está en relación con la atrofia vulvovaginal ( AVV) debido al descenso de estrógenos (estradiol) . Hay tratamientos específicos para tratarla y mejorar la calidad de los encuentros eróticos.  

Tener un acompañamiento en estas fases, puede ayudarte a sentirte mejor, y a cuidar la sexualidad, algo tan íntimo e importante.     

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