SEXUALIDAD Y APEGO

       

        

“Amor tan primitivo que más que amor
Convendría llamar apego”
Carnal apego, temperatura, peso
Correspondiente a la más íntima resistencia
Respuesta física y por tanto sagrada,  
A una sed tan largo tiempo contenida”.

 

La sexualidad humana presenta estratos profundos que la hacen fascinante y compleja, la mera fisiología no es suficiente para acercarse a la esencia de esta dimensión humana. Podemos hablar de una psicología de la sexualidad y para ello es indispensable saber cómo el apego determina nuestro modo de vincularnos, esto es trascendental puesto que en el vínculo se despliega nuestro yo sexuado.

Para empezar a desarrollar la profunda conexión que existe entre APEGO y SEXUALIDAD es preciso saber que EL AFECTO se encuentra en el núcleo de nuestros vínculos, nos permite dar respuestas flexibles y por lo tanto adaptativas a los cambios inevitables que se producen en el entorno. Podríamos afirmar que el afecto cuando está calibrado facilita relacionarnos de forma eficaz y además implica algo muy importante: nos sentimos seguros.

Hay una diferencia entre los AFECTOS PRIMARIOS que dan cuenta del estado del cuerpo: en alarma o relajado. Los AFECTOS SECUNDARIOS hablan de la emoción disponible en un momento concreto: tristeza, alegría, ira, sorpresa, asco y algunos mas complejos como la culpa y la vergüenza.

Ambos nos dan una información crucial a cerca de la relevancia, necesidad y motivación del estímulo que los elicita. Lo natural en nuestra experiencia vital es la desregulación de los afectos y la consiguiente tendencia a buscar de nuevo el equilibrio.

Cuando existen dificultades en la regulación de los afectos las respuestas ante las vicisitudes se vuelven automáticas, la atención se constriñe como si mirásemos a través de un catalejo y el comportamiento deja de ser adaptativo.

Regular la emoción no significa reprimirla ni sustituirla por otra, sino tolerarla y llevar a cabo comportamientos que nos aproximen a nuestras metas y faciliten la construcción de vínculos saludables.

En la parte central del cerebro se ubica el sistema límbico, su función es evaluar los imputs emocionales, comprende varias estructuras siendo la amígdala el interruptor que se enciende cuando detectamos algo amenazante, lo hace de un modo muy rápido suscitando respuestas de huida, ataque o parálisis. El motivo de esta inmediatez en la respuesta es sencillo, en ocasiones los actos nos defienden del peligro sin que nos podamos permitir reflexiones, es más adaptativo protegerse y analizar después.

Es interesante saber que muchos de los estímulos que nuestro sistema límbico cataloga como hostiles y peligrosos son registrados como tal en etapas preverbales, cuando dependemos de la protección de nuestros cuidadores principales. Este hecho explica que la emoción se desboque automáticamente, nuestra mente consciente no recuerda qué sucedió mientras que la amígdala lo hace con alta eficacia.

El apego es el lazo esencial para el neurodesarrollo que se establece en las primeras interacciones con las personas que nos cuidaron, implica protección y cuidado. El apego adulto hunde sus raíces en la etapa infantil; no podemos obviar que en el amor existe el cuidado. Cuando no ha sido garantizado o no se ha sentido de manera incondicional repercutirá en la seguridad relacional adulta

La regulación emocional de los cuidadores es fundamental para alcanzar la SINTONÍA en la interacción con el niño y la construcción de una BASE SEGURA. Desde este cimiento se favorece la exploración y sensación de protección necesarias para el desarrollo sano. En ese intercambio aprendemos eficazmente a identificar, comprender y modular las emociones.

Las emociones tienen un papel esencial en la adaptación a un medio cambiante y su origen se encuentra en la supervivencia, constituyen la linterna que nos informa de todo aquello que nos atañe de forma directa e importante.

El MIEDO nos insta a evaluar los recursos que disponemos ante una situación archivada como peligrosa, tras la CULPA existe un código que quizá hayamos transgredido y nos impulsa a reparar, la IRA viene de una frustración, la ENVIDIA nos hace ver el contraste entre la realidad y un deseo no satisfecho.

La dificultad para procesar la VERGUENZA es una constante en las personas que presentan apego inseguro, se trata de una emoción que envuelve al self por completo. La valoración que hacemos de nuestra persona se encuentra en íntima relación con las coordenadas vergüenza-orgullo. El orgullo nos invita a mostrarnos, en cambio la vergüenza bloquea la expresión y se manifiesta en forma de titubeo, timidez o inacción.

El tránsito de algunas emociones es desagradable, lo que conduce a la evitación, más aún si tenemos en cuenta que socialmente son censuradas. Ocurre con la envidia, a nadie le gusta ser definido como envidioso. Esta emoción nos habla de dolor ante un anhelo. En realidad la persona que siente envidia es alguien deseante. Bien canalizada, la envidia promueve el enriquecimiento con el afán de alcanzar lo que hasta ahora nos parecía vedado, nos pone en riesgo, incertidumbre necesaria para acercarnos a la línea de nuestra aspiración.

La vergüenza se instaura muy pronto en el proceso de socialización en la infancia, tiene una función en el mantenimiento del orden social, ahora bien, si la precede la humillación será una vergüenza desmesurada y limitante del crecimiento. Es por tanto en la crisálida infantil donde somos más dúctiles por los seres influyentes como nuestros cuidadores. Las experiencias en etapas posteriores moldean, pero sin duda las vivencias tempranas inciden en el desarrollo neurológico dejando un tatuaje.

 Las intermitencias en la sintonía de nuestras relaciones son inevitables, lo importante es la fluidez en el proceso SINTONÍA – RUPTURA DE LA COMPENETRACIÓN- RECUPERACIÓN DE LA SINTONÍA, es de este modo que mantenemos de forma dinámica nuestros vínculos, conjugando la fusión con el espacio personal. Este flujo natural se ve afectado cuando la regulación de las emociones, que pasa por el entendimiento y la validación de las mismas, se efectúa con dificultad. Cuando así sucede, la emoción desborda, es suprimida o sustituida por otra, sin que dé tiempo a un análisis. Las acciones que desencadena la falta de procesamiento nos alejan de lograr lo que en verdad deseamos.

El encuentro erótico supone acceder a un lugar donde lo fundamental es la encarnación, el encuentro de dos o más seres hechos de carne que goza y padece.  La emoción se instala en el cuerpo y solo a través de él puede ser tocada y comunicada sin lenguaje verbal. Tomemos la Vergüenza, se acompaña de la sensación de calor, el impulso es ocultarse y evitar exponer el cuerpo y explicitar las sensaciones físicas censuradas y los sentimientos. Internamente se asocia al miedo al rechazo ante el descubrimiento del cuerpo en su desnudez o su expresión de goce.            

La voluptuosidad implica encontrarse en un ámbito seguro, sólo desde el cálido abrigo de la intimidad nos dejamos llevar por la sensación de placer.  La base de seguridad es el trampolín para la exploración y la predisposición al goce. En otras palabras, las personas con estrategias de apego seguras se sienten confiadas y queribles, son capaces de regular sus emociones reflexionando sobre lo acontecido, actuando sin impulsividad para restablecer la conexión.

Cuando el apego es inseguro las emociones como el miedo y la vergüenza se encuentran muy disponibles, al ser muy incómodas con frecuencia limitan la expresión y coartan las experiencias, el camino es aceptarse y atravesar la emoción con el fin de extraer la información que nos ofrece y modularla para que nos sea útil.

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